TRIBUNA ACADÉMICA INVITADA Educación inmersiva para líderes del futuro
La tecnología no basta: el reto es convertirla en aprendizaje.
La pandemia aceleró como nunca antes el uso de herramientas digitales en la educación superior. En medio de ese salto, los nuevos modelos didácticos se volvieron protagonistas, convirtiéndose en auténticos ecosistemas digitales donde los estudiantes pueden simular escenarios, experimentar y poner en práctica conceptos desde la pantalla, con una potencia tecnológica que hace apenas unos años era impensable.
En ingeniería, biología o ciencias exactas ya han demostrado su impacto; en los programas de economía y negocios, sin embargo, todavía estamos rezagados.
Recientemente, en el marco del estudio “La pyme y la empresa: un efecto en la nueva educación superior en Colombia”, que lideré en el Politécnico Grancolombiano, analizamos cómo la mayor parte de las investigaciones sobre estos nuevos modelos se concentran en áreas STEM, con resultados pedagógicos sólidos.
En cambio, en administración y negocios solemos describir la tecnología sin medir de verdad cómo ayuda a desarrollar competencias profesionales. Celebramos la novedad tecnológica, pero seguimos sin demostrar con claridad su aporte real al aprendizaje en estas disciplinas.
En la última década apenas empiezan a aparecer trabajos que vinculan los nuevos modelos didácticos con la formación en economía y administración, y la mayoría se queda en resultados exploratorios.
Estamos frente a un campo emergente, con enorme potencial, pero también con muchas preguntas abiertas: ¿sirven para desarrollar habilidades de negociación, liderazgo, análisis de datos o toma de decisiones? ¿Preparan realmente a los estudiantes para la complejidad de los mercados globales?
Más que tecnología, una nueva forma de aprender.
Conviene detenernos un momento y aclarar de qué hablamos.
Los nuevos modelos didácticos son herramientas capaces de generar disrupción, cuestionamiento y más investigación; no se trata simplemente de incorporar información consolidada, sino de desarrollar saberes y competencias capaces de transformar y mejorar los negocios.
Bien utilizados, representan una nueva forma de enseñar y aprender que acorta la distancia entre teoría y práctica y que, en manos de docentes y estudiantes curiosos, puede cambiar la manera en que entendemos la formación empresarial.
Creo que estos pueden ser una herramienta transformadora en los programas de negocios, siempre que no los reduzcamos a gadgets o pantallas atractivas.
La educación empresarial necesita escenarios donde un estudiante pueda equivocarse sin miedo, ensayar decisiones de gestión y entender sus consecuencias. Para lograrlo, hay que diseñarlos con un enfoque pedagógico claro y no solo como un despliegue tecnológico.
Simular lo que difícilmente puede ocurrir en un aula.
La ventaja es enorme.
Un modelo de comercio internacional podría permitir que un estudiante en Bogotá negocie en tiempo real con un caso simulado en Asia, enfrentando barreras arancelarias, cambios de divisas y dinámicas logísticas reales.
Un modelo de finanzas podría recrear crisis bursátiles y entrenar a futuros graduados para decidir bajo presión con dashboards interactivos.
No se trata de reemplazar la experiencia, sino de dar acceso a escenarios que de otro modo serían imposibles en un aula tradicional.
Pero para que este potencial se cumpla, necesitamos más investigación aplicada, más alianzas entre academia y sector productivo, y un esfuerzo serio por integrar estas herramientas en los currículos de negocios.
Deben alinearse con los objetivos de aprendizaje, con el desarrollo de competencias blandas como comunicación, liderazgo y negociación, y con la preparación para un mercado laboral que exige adaptabilidad, creatividad y pensamiento crítico.
Formar líderes para entornos inciertos.
El futuro de la educación en negocios no se juega en cuántos simuladores virtuales tengamos, sino en cómo los usamos para formar profesionales capaces de crear empresas, liderar organizaciones y tomar decisiones estratégicas en entornos inciertos.
Si logramos dar ese salto, dejarán de ser una moda pasajera y se convertirán en un motor real de transformación educativa, catalizando la innovación y el talento en un ecosistema cada vez más digital.
La tecnología, por sí sola, no garantiza aprendizaje.
El reto es ponerla al servicio de la pedagogía.
Y en el caso de los nuevos modelos didácticos para negocios, apenas estamos comenzando ese camino.
Sobre la autora
Ángela Julieta Mora es docente de la Escuela de Negocios y Desarrollo Internacional de la Universidad Politécnico Grancolombiano y autora del presente texto, remitido a Combo Tropical Noticias como tribuna académica invitada. La autora señala además haber liderado en esa institución el estudio “La pyme y la empresa: un efecto en la nueva educación superior en Colombia”.
Nota editorial de Combo Tropical Noticias
Esta publicación corresponde a una Tribuna Académica Invitada. Las ideas, argumentos y opiniones expresados en el texto pertenecen a su autora y no representan necesariamente la posición editorial de Combo Tropical Noticias.
La publicación conserva el carácter de aporte académico y de opinión de su autora, mientras que CTN realiza la edición periodística y presentación del contenido para sus lectores.
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