Obesidad, GLP-1 y péptidos: médicos llaman a combatir la desinformación.
La obesidad, los tratamientos farmacológicos y la circulación de información médica en redes sociales fueron los ejes de un encuentro promovido por Novo Nordisk. Durante la jornada, profesionales de la salud compartieron experiencias sobre el manejo integral de esta condición y plantearon la necesidad de diferenciar la evidencia científica de las promesas comerciales y los testimonios individuales.
Una conversación sobre salud que va más allá de la pérdida de peso.
La obesidad, los medicamentos relacionados con la acción de GLP-1, los productos comercializados como péptidos y los riesgos de la automedicación centraron una conversación que también puso en primer plano el papel de médicos, periodistas y creadores de contenido en la difusión de información sobre salud.
Uno de los mensajes principales del encuentro fue que la obesidad no debe abordarse exclusivamente como una cuestión de voluntad individual o apariencia física. Su tratamiento requiere considerar diferentes factores biológicos, metabólicos, conductuales y sociales, así como las condiciones particulares de cada paciente.
La discusión también destacó que los resultados de un tratamiento no deben evaluarse únicamente por el número de kilogramos perdidos. Los cambios en la movilidad, el descanso, la capacidad para realizar actividades cotidianas y determinados indicadores de salud pueden aportar información relevante sobre la evolución de una persona.
El encuentro incluyó intervenciones sobre tratamientos farmacológicos, experiencias personales, alternativas quirúrgicas y prácticas que circulan en internet sin que necesariamente exista evidencia suficiente sobre su eficacia y seguridad.
De 96 a 66 kilogramos: el testimonio de José Fernando Tovar.
Uno de los momentos de la jornada fue el testimonio de José Fernando Tovar, médico y profesional de enlace científico de Novo Nordisk, quien compartió su experiencia personal con la obesidad.
Tovar relató que durante su formación médica y su actividad profesional tuvo jornadas extensas y cambios en sus hábitos de sueño y ejercicio, circunstancias que acompañaron el aumento de su peso. También explicó que comenzó a introducir cambios en su rutina, incluida la actividad física y la alimentación, pero que inicialmente no observó la reducción de peso que esperaba.
Según su relato, el reconocimiento de la obesidad como una condición que requería atención médica le permitió considerar un abordaje diferente. En enero de 2026 incorporó un tratamiento farmacológico bajo supervisión médica, junto con cambios en sus hábitos.
Durante su intervención afirmó que pasó de 96 kilogramos en enero de 2026 a 66 kilogramos en el momento de compartir su experiencia, una reducción de 30 kilogramos. También describió mejoras que atribuyó a su proceso, entre ellas menos ronquidos, mejor descanso, mayor energía y más facilidad para realizar actividades físicas.
Su historia ilustra la dimensión personal de la obesidad y la importancia que puede tener un tratamiento integral. Sin embargo, como ocurre con cualquier testimonio individual, los resultados relatados no permiten establecer que otras personas obtendrán una respuesta equivalente ni sustituyen la evidencia procedente de estudios clínicos.
La distinción es relevante en la comunicación pública sobre salud: una experiencia puede ayudar a comprender lo que vive un paciente, pero no debe presentarse como una recomendación médica aplicable a toda la población.
Los tratamientos GLP-1 requieren valoración y seguimiento profesional.
Durante el encuentro se abordó el uso de medicamentos relacionados con la acción de la hormona GLP-1, una herramienta terapéutica utilizada en determinadas condiciones metabólicas y en el tratamiento de algunos pacientes con obesidad, de acuerdo con las indicaciones de cada producto.
Estos medicamentos pueden contribuir al control del apetito y al manejo del peso en pacientes seleccionados. No obstante, su uso requiere valoración clínica, seguimiento y una evaluación individual de los beneficios, los riesgos y las posibles contraindicaciones.
Los especialistas advirtieron sobre prácticas como modificar las dosis sin orientación profesional, combinar medicamentos o productos de procedencia incierta y copiar tratamientos difundidos en redes sociales.
También se planteó que la atención de la obesidad no debe reducirse a la prescripción de un fármaco. La alimentación, la actividad física, el seguimiento médico y la sostenibilidad del tratamiento forman parte de un abordaje más amplio.
La posibilidad de recuperar peso después de suspender determinados tratamientos también requiere una explicación equilibrada. La evolución varía entre pacientes, por lo que la continuidad o interrupción de una terapia debe analizarse con el profesional responsable y no decidirse únicamente a partir de experiencias divulgadas en internet.
Pérdida de peso, masa muscular y otros indicadores de salud
Otro de los asuntos discutidos fue la necesidad de observar qué ocurre con el organismo durante el proceso de pérdida de peso.
Los especialistas señalaron que la báscula no ofrece por sí sola una visión completa de los cambios corporales. La reducción de peso puede incluir variaciones en la masa grasa y en la masa libre de grasa, cuya proporción depende de distintos factores individuales.
En ese contexto, durante la exposición se mencionaron la alimentación adecuada, el consumo de proteínas según las necesidades de cada persona y el ejercicio de fuerza como aspectos que pueden ser relevantes para el cuidado de la masa muscular.
También se planteó que las medidas corporales y otras evaluaciones funcionales pueden complementar el seguimiento, en lugar de depender exclusivamente del peso registrado.
Los objetivos terapéuticos deben definirse de manera individual. Las cifras de reducción de peso que pueden asociarse con mejoras en ciertos indicadores metabólicos no constituyen metas universales ni garantizan los mismos resultados en todos los pacientes.
El mensaje central fue que el tratamiento debe evaluar la salud de la persona en su conjunto y no concentrarse exclusivamente en alcanzar una cifra determinada.
Pérdida de peso, masa muscular y otros indicadores de salud.
La comercialización de productos identificados como péptidos fue otro de los temas abordados.
Desde el punto de vista químico, los péptidos son cadenas de aminoácidos. Sin embargo, esta definición no demuestra por sí misma que un producto tenga eficacia terapéutica, composición confiable o autorización para utilizarse en seres humanos.
Aunque existen medicamentos autorizados que emplean péptidos o actúan mediante mecanismos relacionados, no todos los productos que se comercializan bajo esa denominación cuentan con el mismo respaldo científico o regulatorio.
Durante el encuentro se señalaron varias señales de alerta: los frascos identificados como destinados exclusivamente a investigación, las promesas de pérdida de peso garantizada y la ausencia de información verificable sobre el fabricante, la procedencia, la conservación y la trazabilidad del producto.
Estas advertencias adquieren importancia cuando los consumidores adquieren sustancias por internet, mediante aplicaciones de mensajería o a través de vendedores que no ofrecen información suficiente sobre su composición y uso.
Los especialistas destacaron, además, la importancia de que los profesionales de la salud pregunten a sus pacientes qué productos están utilizando, dónde los consiguieron y si han presentado síntomas. Una conversación abierta y sin juicios puede facilitar la identificación de prácticas potencialmente riesgosas y orientar al paciente hacia una atención apropiada.
El food noise: pensamientos recurrentes sobre la comida.
El concepto de food noise, expresión utilizada para describir pensamientos recurrentes sobre la comida que pueden interferir con la concentración y las actividades cotidianas, también formó parte de la discusión.
Durante la exposición se utilizó la imagen de una radio que permanece encendida para explicar cómo algunas personas experimentan una presencia constante de pensamientos relacionados con los alimentos, incluso sin identificar claramente una sensación de hambre.
Este concepto ayuda a ampliar la conversación sobre la experiencia subjetiva de algunos pacientes. Sin embargo, no debe interpretarse como una condición que se manifiesta de igual manera en todas las personas con obesidad.
En la jornada se citaron cifras sobre la frecuencia de esta experiencia y sobre posibles cambios después del tratamiento con medicamentos GLP-1. Entre los datos mencionados por uno de los expositores estuvieron una reducción del 40 % en los pensamientos relacionados con la comida y un nivel de satisfacción elevado entre los participantes de una evaluación.
No obstante, durante la recopilación disponible no se identificó la publicación científica original que permita comprobar la metodología, las características de los participantes y el alcance de esas cifras. Por esa razón, deben entenderse como datos mencionados durante el encuentro, pendientes de verificación documental, y no como resultados generalizables a todos los pacientes.
La precisión en el manejo de estas cifras es especialmente importante en salud, donde un porcentaje descontextualizado puede crear expectativas que la evidencia disponible no necesariamente respalda.
Redes sociales y automedicación: los riesgos de buscar resultados rápidos.
Los especialistas también llamaron la atención sobre el contenido relacionado con la pérdida de peso que circula en redes sociales y otros canales digitales.
Durante el encuentro se describieron situaciones en las que las personas llegan a una consulta después de recibir recomendaciones de influenciadores, vendedores de productos, conocidos o personas que ofrecen tratamientos sin una valoración médica individualizada.
Entre las prácticas mencionadas se encuentran el uso de dosis por cuenta propia, la combinación de sustancias, la búsqueda de resultados rápidos antes de acontecimientos personales y la utilización de productos cuya procedencia no está suficientemente documentada.
El problema no es que las personas busquen información sobre su salud. El riesgo aparece cuando una recomendación se presenta como segura sin explicar sus límites, cuando una experiencia particular se convierte en una supuesta receta universal o cuando se omiten los posibles efectos adversos.
La popularidad de una publicación tampoco demuestra la validez de sus afirmaciones.
Por ello, se insistió en que los médicos deben participar activamente en la conversación pública, explicar los tratamientos con lenguaje comprensible y responder las inquietudes de los pacientes sin estigmatizarlos.
El silencio de las fuentes profesionales puede dejar espacio a contenidos que ofrecen respuestas simples a problemas complejos.
Catherine Fiorillo destaca el tratamiento individualizado.
La cirujana general, cirujana endoscopista y endocrinóloga Catherine Fiorillo intervino en la jornada para referirse al manejo integral de la obesidad y a la relación entre las distintas alternativas terapéuticas.
La especialista destacó que el tratamiento debe ajustarse a las condiciones de cada paciente y señaló que las herramientas farmacológicas pueden desempeñar un papel complementario dentro del abordaje médico, incluido el manejo de personas que también requieren evaluación quirúrgica.
Fiorillo advirtió sobre la desinformación difundida en redes sociales y la necesidad de que los tratamientos sean orientados por profesionales capacitados. También recordó que las posibles complicaciones requieren atención y que la información dirigida a los pacientes debe explicar los riesgos sin exagerarlos ni minimizarlos.
Su intervención reforzó una idea central del encuentro: la selección de un tratamiento no debe depender de las tendencias digitales ni de promesas comerciales, sino de la evaluación clínica y de las necesidades particulares de cada persona.
Cinco criterios para informar responsablemente sobre salud.
La conversación dejó una serie de recomendaciones para periodistas y creadores de contenido que divulgan información sobre obesidad, medicamentos y pérdida de peso.
1. Identificar la evidencia. Antes de publicar una afirmación, es necesario establecer si procede de un ensayo clínico, una investigación científica, una declaración profesional o un testimonio personal.
2. Comprobar la fuente. Debe verificarse quién publica la información, cuáles son sus credenciales y qué documentación respalda sus afirmaciones.
3. Diferenciar asociación y causalidad. Que dos fenómenos aparezcan relacionados no significa necesariamente que uno sea la causa del otro.
4. Evitar las generalizaciones. El resultado de un paciente no demuestra que el mismo tratamiento funcione de igual manera para todas las personas.
5. Explicar beneficios, riesgos y limitaciones. Una información equilibrada no presenta únicamente los resultados positivos ni omite las condiciones bajo las cuales un tratamiento debe utilizarse.
Estos criterios también exigen prudencia al divulgar cifras. Cuando no se dispone de la fuente original o de información suficiente para verificar un resultado, lo responsable es señalar esa limitación y evitar presentarlo como un hecho demostrado.
Análisis de Combo Tropical Noticias: el desafío de informar sin estigmatizar.
La discusión sobre obesidad y tratamientos farmacológicos refleja un desafío más amplio para la comunicación pública: cómo traducir los avances científicos a un lenguaje comprensible sin convertirlos en promesas comerciales ni alimentar prejuicios.
Para el periodismo, esto significa diferenciar los resultados de una investigación de las declaraciones de un especialista y de la experiencia individual de un paciente. También exige reconocer cuándo una cifra necesita verificación adicional y cuándo la información disponible no permite llegar a una conclusión definitiva.
La cobertura de estos temas tiene relevancia para Barranquilla, el Atlántico y el Caribe colombiano, donde los medios regionales pueden contribuir a que la ciudadanía conozca mejor las alternativas de atención, identifique riesgos de automedicación y consulte fuentes profesionales.
Al mismo tiempo, informar sobre tratamientos no resuelve por sí solo las dificultades de acceso, los costos o la continuidad de la atención. Estos factores deben formar parte de una conversación más amplia sobre salud pública y equidad.
Para Combo Tropical Noticias, el reto consiste en ofrecer información que permita comprender las posibilidades y limitaciones de los tratamientos, sin estigmatizar a quienes viven con obesidad y sin presentar un medicamento como solución universal.
Informar sin estigmatizar: el reto de médicos y periodistas.
La reflexión final de la especialista resumió tres principios para comunicar sobre obesidad y sus tratamientos: informar sin estigmatizar, ofrecer esperanza sin prometer resultados y explicar los riesgos sin generar miedo.
La participación de los profesionales de la salud en la conversación pública puede ayudar a que las personas comprendan mejor la obesidad, los agonistas del receptor GLP-1, los péptidos y la importancia del seguimiento médico. Para ello, la información debe transmitirse con responsabilidad y con una explicación clara de sus alcances.
La conclusión que deja este encuentro es que la comunicación responsable en salud debe reducir el estigma, combatir la desinformación y facilitar decisiones informadas. Médicos, periodistas y creadores de contenido tienen responsabilidades diferentes, pero complementarias, en la construcción de una conversación pública basada en evidencia, claridad y respeto por los pacientes.
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