Inteligencia artificial en la educación: el desafío no es prohibirla, sino aprender a pensar con ella












Escrito por: Gabriel E. Briñez V.
Editor – Combo Tropical Noticias



La alfabetización digital debe involucrar a instituciones, directivos, docentes, estudiantes y familias. Los medios de comunicación también tienen un papel fundamental para que la sociedad comprenda cómo utilizar estas herramientas sin renunciar al pensamiento crítico.


La inteligencia artificial está transformando la manera en que las personas buscan información, estudian, trabajan, investigan y producen contenidos. Su llegada a las aulas ha abierto un debate que suele concentrarse en sus posibles riesgos: estudiantes que copian y pegan tareas, pérdida de hábitos de lectura, disminución del pensamiento crítico y temor a que la tecnología termine reemplazando algunas funciones de los docentes.

Sin embargo, existe otra manera de abordar esta discusión: en lugar de preguntarnos únicamente cómo evitar que los estudiantes utilicen inteligencia artificial, deberíamos preguntarnos cómo enseñarles a utilizarla para aprender, investigar, contrastar información y desarrollar sus propias capacidades.

La inteligencia artificial no constituye, por sí misma, una amenaza inevitable para el pensamiento humano. El verdadero desafío está en la forma en que las personas, las instituciones educativas, las organizaciones y la sociedad incorporan esta herramienta a sus actividades.

La diferencia está entre permitir que una tecnología piense por nosotros y aprender a utilizarla para ampliar nuestras posibilidades de razonamiento.


Una advertencia internacional que merece un análisis más amplio




El debate tomó una nueva dimensión con la publicación de Noticias ONU, el 1 de noviembre de 2026, de la entrevista titulada “La IA está cambiando cómo pensamos: ¿Nos daremos cuenta a tiempo?”.

En ella, David Rock, cofundador y director ejecutivo del NeuroLeadership Institute, aborda posibles transformaciones en la atención, el esfuerzo cognitivo, los vínculos humanos y la manera en que las personas utilizan su capacidad de razonamiento cuando interactúan con sistemas de inteligencia artificial.

Una de las preocupaciones centrales es la llamada descarga cognitiva: delegar determinadas tareas mentales en herramientas tecnológicas puede ahorrar tiempo y esfuerzo, pero también puede reducir la práctica de algunas habilidades cuando la persona deja de participar activamente en el proceso.

La reflexión merece atención, aunque es necesario precisar su alcance. Se trata de una entrevista divulgativa con un experto, no de un informe científico oficial de Naciones Unidas ni de una demostración de que la inteligencia artificial esté deteriorando de manera generalizada el cerebro humano.

Sus planteamientos deben examinarse junto con investigaciones independientes y sin confundir asociaciones estadísticas con relaciones de causa y efecto.


La diferencia entre utilizar la IA para evitar pensar y utilizarla para aprender.



Pensemos en dos estudiantes que reciben la misma tarea.

El primero le pide a una herramienta de inteligencia artificial que escriba un ensayo, copia el resultado y lo entrega. No comprueba las fuentes, no revisa los argumentos y tampoco se preocupa por comprender lo que aparece en el documento.

El segundo solicita que le expliquen el tema, que le presenten argumentos a favor y en contra, que identifiquen posibles errores y que le indiquen qué fuentes puede consultar. Después lee, compara, investiga y construye sus propias conclusiones.

Los dos utilizaron inteligencia artificial, pero sus procesos de aprendizaje fueron diferentes.

En el primer caso, el estudiante delegó prácticamente toda la actividad intelectual. En el segundo, utilizó la tecnología como apoyo para desarrollar una investigación.

Lo mismo puede ocurrir con un ejercicio matemático. No es igual pedir el resultado y copiarlo que solicitar una explicación paso a paso, comprender por qué se realiza cada operación, identificar posibles errores y resolver después otro ejercicio sin ayuda.

Aquí aparece un concepto fundamental: la metacognición.

La metacognición es la capacidad de reflexionar sobre nuestros propios procesos de pensamiento: reconocer qué sabemos, qué no comprendemos, cómo estamos razonando y qué necesitamos revisar para llegar a una conclusión.

No consiste únicamente en formular preguntas más largas o complejas. Implica examinar las respuestas, evaluar los argumentos y participar activamente en la construcción del conocimiento.

Por eso, el problema no es que la inteligencia artificial pueda facilitar una tarea. El riesgo aparece cuando una persona deja de leer, comprender, investigar y cuestionar porque considera que la respuesta recibida es suficiente.


La metacognición puede debilitarse cuando dejamos de ejercitarla.





La capacidad humana de pensar, interpretar y aprender no desaparece automáticamente por utilizar inteligencia artificial. Sin embargo, determinadas habilidades pueden debilitarse cuando dejan de practicarse de manera habitual.

La lectura es un ejemplo. Leer implica comprender, relacionar ideas, interpretar, recordar, reconocer contradicciones y construir conclusiones. Cuando una persona abandona progresivamente esas actividades, pierde oportunidades de ejercitar esas capacidades.

Con la inteligencia artificial puede suceder algo similar.

Si el estudiante copia y pega constantemente, sin comprender ni verificar, deja de practicar actividades fundamentales para su aprendizaje. Si, por el contrario, utiliza la herramienta para investigar, leer, debatir y comprobar información, puede convertirla en un estímulo para fortalecer su pensamiento crítico.

La tecnología no determina por sí sola el resultado. También importan los hábitos, las metodologías educativas y la disposición de cada persona para aprender.


El conocimiento también se construye mediante la curiosidad y la tradición oral.



No todas las personas adquieren conocimientos leyendo libros especializados o consultando investigaciones académicas. Buena parte del aprendizaje humano comienza en conversaciones familiares, experiencias cotidianas, relatos, observaciones y conocimientos transmitidos entre generaciones.

La tradición oral es un ejemplo de ese proceso.

Una persona puede no haber leído la Biblia completa, pero haber escuchado durante años relatos, enseñanzas o versículos transmitidos por familiares y otras personas. Esa experiencia puede despertar su curiosidad y motivarla a acercarse directamente al texto para conocerlo y comprenderlo.

También puede ocurrir con la historia. Alguien puede recordar que la Primera Guerra Mundial terminó en 1918 y la Segunda Guerra Mundial en 1945 porque lo aprendió en el colegio, lo escuchó en una conversación o lo recibió mediante la transmisión familiar.

La información recibida de otras personas puede despertar conocimiento, pero también necesita contrastarse. La tradición oral, los libros, los medios de comunicación y las herramientas de inteligencia artificial pueden servir como puntos de partida para investigar. Ninguna fuente debe quedar automáticamente libre de examen.

La curiosidad es una puerta de entrada al aprendizaje.


El docente debe prepararse para enseñar en una nueva realidad tecnológica.




Uno de los puntos más importantes de esta discusión está en la formación de los profesores.

Durante los primeros años de expansión de la inteligencia artificial generativa, numerosos estudiantes comenzaron a utilizar estas herramientas para resolver tareas, redactar ensayos y preparar trabajos académicos. En algunos casos, las instituciones respondieron con prohibiciones o advertencias sobre sus posibles consecuencias.

Las preocupaciones no son infundadas: existen riesgos de plagio, dependencia, errores de información, exposición de datos personales y aprendizaje superficial. Sin embargo, convertir esos riesgos en una razón para rechazar toda la tecnología puede impedir que los estudiantes desarrollen competencias necesarias para su futuro académico y laboral.


La pregunta que deberían hacerse las instituciones educativas es otra:


¿Cómo puede un profesor enseñar a sus estudiantes a utilizar críticamente una herramienta tecnológica que él mismo no conoce o no ha tenido la oportunidad de comprender?

No se trata de exigir que todos los docentes sean especialistas en inteligencia artificial. Se trata de proporcionarles formación para entender sus posibilidades, reconocer sus limitaciones, verificar sus resultados y diseñar actividades pedagógicas que promuevan el razonamiento.

La formación docente debe incluir, entre otros aspectos:

  • Comprender qué es la inteligencia artificial generativa y cómo funciona.

  • Aprender a formular instrucciones para obtener explicaciones, análisis y ejercicios útiles.

  • Identificar respuestas equivocadas, referencias inexistentes y posibles sesgos.

  • Enseñar criterios de autoría, transparencia, privacidad y uso responsable.

  • Diseñar evaluaciones que permitan comprobar la comprensión y no solamente la presentación de un documento.

El profesor no pierde su importancia por la existencia de una herramienta capaz de producir textos o resolver ejercicios. Su papel también consiste en orientar, acompañar, motivar, enseñar a interpretar y ayudar a los estudiantes a construir criterio.


Una experiencia pedagógica en Barranquilla: cambiar la metodología en lugar de prohibir.




La discusión también puede comprenderse desde experiencias concretas en el aula.

Durante su ejercicio como docente universitario en Barranquilla, el editor de Combo Tropical Noticias identificó que algunos estudiantes estaban utilizando inteligencia artificial para elaborar sus trabajos y entregar respuestas copiadas y pegadas.

La decisión no fue prohibirles la herramienta.

La actividad se replanteó: los estudiantes debían volver sobre los trabajos que habían presentado, leerlos, comprender qué habían escrito, contrastar la información, investigar más y profundizar en el tema solicitado.

El propósito era que dejaran de considerar el resultado de la inteligencia artificial como un documento terminado y comenzaran a examinarlo como un punto de partida para aprender.

Esta experiencia personal permite ilustrar una alternativa pedagógica: en lugar de evaluar exclusivamente el documento entregado, el docente puede evaluar también la comprensión, la capacidad de argumentación, la investigación adicional y la posibilidad de que el estudiante explique y defienda sus conclusiones.

No se presenta como una investigación científica ni como prueba de que una metodología funcione en todos los contextos. Es una experiencia docente que ayuda a mostrar cómo puede cambiar la relación entre el estudiante, el profesor y la tecnología.

La pregunta deja de ser si el alumno utilizó inteligencia artificial y pasa a ser qué aprendió al utilizarla.


Instituciones, directivos, docentes, estudiantes y familias: el orden de la alfabetización digital.




La alfabetización digital no puede recaer exclusivamente en los estudiantes ni depender de la iniciativa individual de cada profesor.

Debe existir una ruta institucional que permita preparar a todos los actores involucrados en la educación.


1. Las instituciones educativas y las autoridades responsables

Deben establecer políticas, orientaciones, recursos y programas de formación que permitan incorporar la inteligencia artificial de manera responsable, segura y equitativa.


2. Los directivos

Tienen la responsabilidad de orientar la transformación institucional, promover espacios de formación, revisar los manuales de convivencia y facilitar que los docentes experimenten con nuevas metodologías.


3. Los docentes

Deben recibir capacitación para integrar las herramientas tecnológicas a sus asignaturas, enseñar a contrastar información y diseñar actividades que estimulen la metacognición y el pensamiento crítico.


4. Los estudiantes

Necesitan aprender a formular preguntas, reconocer los límites de las respuestas, comprobar fuentes, proteger sus datos y utilizar la IA sin renunciar a su autonomía intelectual.


5. Las familias

También necesitan alfabetización digital. Madres, padres y cuidadores deben comprender qué hacen sus hijos con estas herramientas, qué riesgos existen y cómo acompañarlos sin limitarse a prohibir o permitir indiscriminadamente su uso.

Este orden no significa que los estudiantes y las familias deban esperar a que todos los niveles anteriores estén preparados para comenzar a aprender. La formación debe avanzar de manera articulada y progresiva. La responsabilidad es compartida.


¿Prohibir los celulares o enseñar a utilizarlos responsablemente?.




El debate sobre la inteligencia artificial está relacionado con otra discusión que se ha extendido en los colegios: las restricciones al uso de teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos.

Algunas instituciones han optado por recoger los celulares al comienzo de la jornada y devolverlos al finalizar las clases. La medida busca reducir distracciones, prevenir situaciones de acoso, mejorar la convivencia y limitar el uso excesivo de pantallas.

Son preocupaciones que merecen consideración. La presencia de un teléfono puede interrumpir una clase y afectar la concentración. También es necesario proteger a niños y adolescentes frente a riesgos digitales.

Sin embargo, debe diferenciarse entre regular el uso de los dispositivos y excluirlos de manera generalizada de las oportunidades de aprendizaje.

La UNESCO ha documentado el crecimiento de las restricciones a los teléfonos móviles en los colegios. En marzo de 2026 reportó que 114 sistemas educativos, equivalentes al 58 % de los países, contaban con prohibiciones nacionales de teléfonos móviles en las escuelas.

La misma discusión internacional reconoce la necesidad de desarrollar el pensamiento crítico y establecer condiciones para que la tecnología contribuya realmente al aprendizaje. No existe una solución única que pueda aplicarse sin considerar las características de cada institución y su contexto.

En Colombia, la Ley 2170 de 2021 establece responsabilidades del Estado, las instituciones educativas y las familias frente al uso de herramientas tecnológicas. También dispone que los colegios establezcan mecanismos para garantizar que los dispositivos móviles faciliten procesos de aprendizaje, participación, cuidado y protección. La norma contempla restricciones excepcionales en determinados horarios o lugares bajo las condiciones previstas en la ley.

En mayo de 2024, el Ministerio de Educación manifestó que las decisiones sobre el uso de celulares debían considerar las particularidades de cada comunidad educativa y promover espacios de diálogo entre directivos, docentes, estudiantes y familias. También señaló que en algunas zonas rurales el celular constituye una oportunidad importante de conectividad y acceso a actividades pedagógicas.

Por tanto, la discusión colombiana no debería reducirse a una oposición entre permitirlo todo o prohibirlo todo.

Hay que reconocer que recoger el teléfono puede generar frustración en estudiantes acostumbrados a utilizarlo y que, si la restricción no se explica ni se acompaña de alternativas educativas, puede producir resistencia. Pero no sería riguroso afirmar que toda restricción causa necesariamente un daño psicológico o que el estudiante desarrollará rechazo permanente hacia la tecnología.

Lo que sí merece análisis es el efecto educativo de impedir el acceso a una herramienta sin enseñar previamente a utilizarla de manera responsable.

Un colegio puede establecer momentos sin celulares para favorecer la concentración y la convivencia, pero también puede diseñar actividades en las que los dispositivos sean útiles para investigar, crear, consultar fuentes y desarrollar competencias digitales.

La regulación debe responder a objetivos pedagógicos, no únicamente al temor frente a la tecnología.


La investigación científica también exige distinguir entre riesgos y conclusiones




La discusión sobre la inteligencia artificial y sus efectos en el pensamiento, la atención y las relaciones humanas necesita evidencia independiente.

Un estudio de Microsoft Research, presentado en la conferencia CHI 2025, encuestó a 319 trabajadores del conocimiento y examinó 936 ejemplos de uso de IA generativa en tareas laborales. Sus resultados señalaron que una mayor confianza en las respuestas de la IA estaba asociada con una menor participación del pensamiento crítico, mientras que una mayor confianza en las propias capacidades se relacionaba con una mayor participación crítica.

El trabajo también encontró que la IA modifica la forma en que se ejerce el pensamiento crítico: adquieren importancia actividades como verificar información, integrar respuestas y supervisar el resultado final.

Por su parte, un estudio del MIT Media Lab, publicado en marzo de 2025, realizó un experimento controlado de cuatro semanas con 981 participantes. No detectó efectos significativos atribuibles a las condiciones experimentales asignadas. Sin embargo, observó que quienes utilizaban voluntariamente el chatbot con mayor frecuencia presentaban resultados psicosociales menos favorables. Esta asociación no demuestra por sí sola que el uso de IA haya causado esos resultados.

En 2026, Dunigan Folk y Elizabeth Dunn publicaron en Psychological Science un estudio longitudinal de 12 meses con más de 2.000 adultos de cuatro países occidentales. Los investigadores encontraron indicios de una relación entre el uso de chatbots con fines sociales y el aumento posterior de la sensación de aislamiento emocional, pero los resultados variaron según la medida utilizada para evaluar la conexión social. Los propios autores advirtieron que los hallazgos eran exploratorios y que no debían extraerse conclusiones generales contundentes.

Estos trabajos ayudan a comprender por qué no se debe presentar toda interacción con inteligencia artificial como un fenómeno negativo.

No es lo mismo utilizar un chatbot para resolver una consulta académica, organizar una investigación o contrastar documentos que utilizarlo sistemáticamente como sustituto de las relaciones humanas.

Conversar con una herramienta de IA tampoco demuestra, por sí solo, que una persona esté sola o emocionalmente aislada. Para comprender los posibles efectos de estas interacciones se necesitan investigaciones que distingan los motivos de uso, las características de los usuarios, la frecuencia y el contexto.


La evidencia disponible invita a la prudencia, no a las generalizaciones.


Los medios de comunicación también tienen una responsabilidad en la alfabetización digital




Aquí aparece un actor que no puede quedar por fuera de la discusión: el periodismo.

Las instituciones educativas tienen una responsabilidad directa en la formación de sus comunidades, pero los medios de comunicación pueden contribuir a que ese conocimiento llegue a toda la sociedad.

No basta con publicar titulares sobre los riesgos de la inteligencia artificial, anunciar que una herramienta puede reemplazar determinados trabajos o repetir que los estudiantes están perdiendo su capacidad de razonar.

También es necesario explicar cómo funcionan estas tecnologías, para qué sirven, cuáles son sus límites, cómo se verifica una respuesta y qué prácticas permiten aprovecharlas sin renunciar al pensamiento propio.

Una familia de estratos socioeconómicos 1, 2 o 3 debe poder comprender, en un lenguaje sencillo, qué significa utilizar responsablemente la inteligencia artificial y cómo acompañar a sus hijos en ese proceso.

Un trabajador debe conocer cómo puede utilizarla para organizar información, preparar un informe o mejorar una actividad laboral, sin asumir que todo resultado generado automáticamente es correcto.

Un estudiante debe saber que puede solicitar explicaciones, ejercicios, bibliografía y argumentos, pero que tiene que leer, investigar y comprender lo que entrega.

Y un ciudadano debe aprender a reconocer cuándo una imagen, un audio, un video o una noticia podrían haber sido generados o manipulados mediante inteligencia artificial.

El periodismo tiene la posibilidad de convertirse en un puente entre el conocimiento tecnológico y la vida cotidiana. Esa labor exige informar con rigor, explicar sin tecnicismos innecesarios y evitar tanto el alarmismo como la promoción acrítica de las herramientas.

La alfabetización digital no es responsabilidad exclusiva de las instituciones educativas. También es una tarea de comunicación pública.


¿Y qué ocurre con el temor a que la IA reemplace a los docentes y trabajadores?




La preocupación por los cambios laborales es legítima. La inteligencia artificial puede automatizar algunas tareas, modificar procesos y transformar determinadas ocupaciones.

Pero no es riguroso afirmar que todos los docentes serán reemplazados ni que todas las profesiones desaparecerán.

En educación, la enseñanza comprende actividades que van mucho más allá de transmitir información o elaborar documentos. Incluye acompañamiento, formación humana, orientación, evaluación, interacción social y comprensión de las necesidades de cada estudiante.

Por eso, la discusión no debería plantearse únicamente como una competencia entre seres humanos y máquinas.

También hay que examinar cómo pueden prepararse los trabajadores y las instituciones para utilizar estas herramientas, qué nuevas competencias serán necesarias y qué garantías deben existir para que los cambios tecnológicos no profundicen las desigualdades.

La resistencia a la tecnología puede tener diferentes causas: desconocimiento, falta de formación, preocupación por el empleo, experiencias negativas o desacuerdos pedagógicos. No sería justo atribuir todos los cuestionamientos a intereses económicos o al miedo a ser reemplazados. Lo que corresponde es abrir espacios de diálogo y formación para que las decisiones se fundamenten en evidencias y necesidades reales.


Una herramienta para ampliar el razonamiento, no para renunciar a él





La conversación sobre inteligencia artificial debe superar la falsa elección entre aceptar toda tecnología sin cuestionarla o prohibirla por completo.

En educación, puede ayudar a preparar clases, explicar conceptos, resolver dudas, diseñar ejercicios y organizar investigaciones. En el trabajo, puede facilitar informes, hojas de cálculo, presentaciones y procesos administrativos. En periodismo, puede apoyar la búsqueda de antecedentes, la localización de documentos, la organización de datos y la estructuración de contenidos.

Pero en cualquiera de esos escenarios se necesitan criterios humanos para revisar los resultados.

La respuesta generada por una herramienta puede ser un punto de partida para el análisis, no necesariamente una conclusión definitiva. Puede ser examinada, debatida y verificada. Cuando una persona aporta argumentos, cuestiona una interpretación y solicita una revisión, se produce un intercambio que puede conducir a una comprensión más completa.

Ese proceso no elimina la responsabilidad humana. La construcción del análisis puede ser compartida entre la persona y la herramienta, pero cada una conserva responsabilidades diferentes: la IA debe ofrecer respuestas fundamentadas y reconocer sus límites; el usuario debe ejercer su criterio y comprobar aquello que utilizará; y quien publica información debe asumir su responsabilidad editorial.


Conclusión Combo Tropical Noticias : enseñar a preguntar, cuestionar y pensar



El verdadero desafío de la inteligencia artificial no consiste solamente en aprender a utilizar nuevas aplicaciones. Consiste en desarrollar una cultura de aprendizaje en la que las personas sepan preguntar, interpretar, investigar, debatir y verificar.

Las instituciones deben establecer las condiciones; los directivos deben orientar los procesos; los docentes necesitan formación; los estudiantes deben participar activamente en su aprendizaje; las familias deben acompañar y los medios de comunicación deben contribuir a que la alfabetización digital llegue a toda la sociedad.

La experiencia demuestra que prohibir una herramienta no enseña necesariamente a utilizarla. Cambiar las metodologías, formar a quienes educan y promover el pensamiento crítico puede abrir oportunidades mucho más amplias.

La inteligencia artificial puede facilitar el trabajo y ampliar las posibilidades de acceso al conocimiento. Pero la capacidad de comprender, cuestionar y construir conclusiones propias sigue siendo una tarea humana.


¿Y usted qué opina?


La inteligencia artificial ya hace parte de nuestra vida cotidiana y su presencia en la educación seguirá creciendo. Pero hay preguntas que merecen una conversación abierta: ¿estamos aprendiendo a utilizarla para fortalecer nuestro pensamiento o estamos dejando que piense por nosotros? ¿Deben los colegios concentrarse en restringir estas herramientas o en enseñar a utilizarlas responsablemente? ¿Qué papel deben asumir los docentes, las familias y los medios de comunicación?

En Combo Tropical Noticias queremos conocer su opinión. Lo invitamos a dejar sus comentarios y compartir sus experiencias. ¿La inteligencia artificial está ayudándonos a aprender mejor o representa un desafío que todavía no estamos preparados para afrontar?

Su opinión también hace parte de este debate. ¡Los leemos!.


El problema no es que la inteligencia artificial pueda responder por nosotros. El desafío educativo, laboral y social es que aprendamos a pensar a partir de las respuestas que recibimos.


Fuentes y referencias para consulta.


  1. Noticias ONU – La IA está cambiando cómo pensamos: ¿Nos daremos cuenta a tiempo? (1 de noviembre de 2026).

  2. UNESCO – Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación.

  3. UNESCO – Phone bans in schools are spreading worldwide as the policy debate rages on (marzo de 2026).

  4. UNESCO – Perfil de Colombia sobre tecnología en educación.

  5. Ley 2170 de 2021 – República de Colombia.

  6. Microsoft Research – The Impact of Generative AI on Critical Thinking (CHI 2025).

  7. MIT Media Lab – How AI and Human Behaviors Shape Psychosocial Effects of Extended Chatbot Use (2025).

  8. Folk y Dunn – How Does Turning to AI for Companionship Predict Loneliness and Vice Versa? (Psychological Science, 2026).

Nota editorial: Este artículo es un análisis periodístico y educativo elaborado a partir de fuentes públicas, investigaciones académicas y una experiencia docente compartida por el autor. No constituye una investigación científica original de Combo Tropical Noticias.


Combo Tropical Noticias







Web: 


https://combo-tropical-newsroom.lovable.app/



Correo: 


combotropicaltv@gmail.com



WhatsApp principal: +57 300 555 2353

WhatsApp adicional: +57 333 263 7089

Dirección: +57 323 835 2331



Derechos reservados a Combo Tropical Noticias.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Air-e Intervenida ejecutará trabajos eléctricos en Galapa y varios municipios del Atlántico este jueves 2 de julio

Distrito libera andenes y devuelve la movilidad peatonal en la carrera 46 con 93

COLECCIÓN 11:11 DE GABI ARENAS CELEBRA 30 AÑOS DE TRAYECTORIA E INAUGURA AGENDA DEL CONCURSO NACIONAL DE BELLEZA